"¿Qué cosa es miedo? ¿Proviene de la razón, o del sentimiento? Sobre esta cuestión disputé con frecuencia con el doctor Saúl Ascher, cuando por casualidad nos encontrábamos en el café Royal, en Berlín, donde durante largo tiempo almorzaba a diario. El afirmaba siempre que sentimos miedo de algo porque un razonamiento nos da a conocer que ese algo es temible; sólo la razón es una fuerza, no el sentimiento. Mientras yo comía y bebía, me demostraba él las excelencias de la razón. Hacia el final de su demostración, solía mirar el reloj, y siempre acababa la conversación con estas palabras: "La razón es el principio supremo." ¡Razón! Cuando oigo esta palabra veo siempre al doctor Saúl Ascher con sus piernas abstractas, con su casaca estrecha, de un color gris trascendental, y con su cara arisca y helada que podía servir de figura en un libro de Geometría. Este hombre, ya entrado en los cincuenta, era la personificación de la línea recta. En su tendencia a lo positivo, había exhaustado el filosofar de este pobre hombre todo lo que la vida tiene de bello: los rayos de Sol, la fe y todas las flores, y no le quedaba más que la tumba fría y positiva. Tenía una manía especial contra el Apolo del Belvedere y contra el cristianismo. Escribió contra este último una disertación en que demostraba su inconsistencia y su irracionalidad. Escribió, además, una gran cantidad de libros, en los cuales la razón se jacta constantemente de su propia excelsitud; esto lo pensaría muy en serio el pobre doctor, por lo cual ciertamente merece respeto; pero la gracia estaba en la cara grave y extravagante que ponía cuando no era capaz de comprender lo que cualquier niño comprendiera, por ser precisamente niño. De vez en cuadno visitaba yo al doctor de la razón en su casa particular, en la cual encontraba muchachas hermosas, pues la razón no se niega de la sensibilidad."
Heinrich Heine.
lunes, 10 de agosto de 2009
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