De: Franco Leonardo de Torres – Lanús
PUBERTAD
En la manzana de mi casa siempre roncan. Ya no es problema; el problema no es ese.
Todos en casa respetamos a padre.
Cuando ronca, a la noche, creo que nos va matar.
Los suyos, de igual volumen que los del séptimo, parece mellizo de los del C, son de hombre trabajador.
Hay momentos en que el ronquido llega al tope; el problema no es cuando ronca, sino cuando calla y todos nos quedamos así.
¡Imagináte que la pared te dé un manotazo o que la almohada te acaricie la cabeza!
En los ronquidos hay amenaza… esos pies que suben una escalera de piedra, pueden pudrirse en cualquier momento.
Un quiebre, una grieta, un grito.
Y esuchá: los pasos en el noveno, en el C.
Los chicos en el colegio se miran en los recreos y cambiamos figuritas. Estamos todos. Si alguno falta, alguno es mandado a dirección.
Siguen sonando, escuchemos los ronquidos...
que cuanto más fuertes, mayor la seguridad de que estamos despiertos y de que mañana vamos a dormir, no sin burla, durante la clase.
¡Y después que nos vienen a retar, con sus castigos de no mirar televisión!
¡Castigos de no salir a jugar a la pelota!
¡Cómo si eso nos hiciera algo! ¡Pobres padres!
Se desesperan cuando ven que no nos molesta no mirar televisión ni jugar a la pelota…
Y más de un día sin comer no nos dejan.
(A lo sumo será un día y medio).
Dan risa…
miércoles, 29 de julio de 2009
viernes, 24 de julio de 2009
Perdí el rastro
tras la palabra tachada,
nunca vuelve a empezar nada,
sólo hay poemas acabados.
Lagartijas, animales,
fiesta de disfraces en
un verso adinerado
"y la morocha no quiere bailar".
Sorprende su paso rápido,
tus giros bruscos
en esquinas de paredes pintadas.
Perdí, por último, tu espalda,
acostumbrado a su frente,
que ya no sé si era ella la que se iba.
tras la palabra tachada,
nunca vuelve a empezar nada,
sólo hay poemas acabados.
Lagartijas, animales,
fiesta de disfraces en
un verso adinerado
"y la morocha no quiere bailar".
Sorprende su paso rápido,
tus giros bruscos
en esquinas de paredes pintadas.
Perdí, por último, tu espalda,
acostumbrado a su frente,
que ya no sé si era ella la que se iba.
jueves, 16 de julio de 2009
Se escuchó:
“Reímos y saltamos
Para el que no sabe bailar
No hay empresa, no hay negocio
Que no conozca nuestro vals…
Los valses
Los valses.."
Y salieron de algún lugar (nadie los vio) tropezándose y corriendo como mamarracho y torbellino, chocando todos entre sí…: los folletos tomaron vuelo y las botellas rodaron en un sinfín de ruido pudriéndose…
-¿Quién los ve? –pregunta uno, del cuarto piso.
-El que los ve se vuelve loco –alguien comentó- dicen…
-¡Pero que dan gracia, la dan!
-¡Pero que asustan… sí, señor, que lo hacen!
"Yo tengo un compañero, que duerme en la calle, le dicen Alfo y duerme bocarriba, porque si no, no puede respirar: delicia de dormir boca arriba. Y me dice que por Avellaneda sólo una vez pasaron, pero por Quilmes, ahá… pasan en invierno, seguido"
-Pará, cállate que escucho algo.
-Pero ya pasaron…
-Claro…
-Ya pasaron.
-¿Escuchas?
-No. Vamos a dormir.
-Pero yo no duermo acá.
-Hacéme caso y vamos a dormir.
-Pero…
-¡Calláte y dormí!
Y se fueron a dormir.
“Reímos y saltamos
Para el que no sabe bailar
No hay empresa, no hay negocio
Que no conozca nuestro vals…
Los valses
Los valses.."
Y salieron de algún lugar (nadie los vio) tropezándose y corriendo como mamarracho y torbellino, chocando todos entre sí…: los folletos tomaron vuelo y las botellas rodaron en un sinfín de ruido pudriéndose…
-¿Quién los ve? –pregunta uno, del cuarto piso.
-El que los ve se vuelve loco –alguien comentó- dicen…
-¡Pero que dan gracia, la dan!
-¡Pero que asustan… sí, señor, que lo hacen!
"Yo tengo un compañero, que duerme en la calle, le dicen Alfo y duerme bocarriba, porque si no, no puede respirar: delicia de dormir boca arriba. Y me dice que por Avellaneda sólo una vez pasaron, pero por Quilmes, ahá… pasan en invierno, seguido"
-Pará, cállate que escucho algo.
-Pero ya pasaron…
-Claro…
-Ya pasaron.
-¿Escuchas?
-No. Vamos a dormir.
-Pero yo no duermo acá.
-Hacéme caso y vamos a dormir.
-Pero…
-¡Calláte y dormí!
Y se fueron a dormir.
martes, 14 de julio de 2009
Shanalia la ve - una mujer dobla en la esquina-; la ve y se retiene en mi oído, y su voz es Almagro en blanco y negro. De estas calles poco se sabe cuando llueve; el cielo parece una lámpara a punto de apagarse. Las hojas caen así, entonces, dando cortes de navaja; las contemplamos como si fuera nieve. Su mano hace diez minutos está quieta en mi pierna. Sabe que es una mujer por cómo camina. Esa forma de apurar el paso con los brazos pegados al cuerpo.
Cruzá
Le dice en mi oído, y su aliento huele a comida de hace tres días.
Si hubiera alguna manera de llamar a este momento, le pondría “película”; una sin color: todo está -es una maqueta- al alcance de nuestra mano, aunque la lluvia sea nuestra sábana y nuestro sexo un tributo a la cuadra.
¡Pero si sus dedos siguen ahí! ¡Si siguen en mi pierna –tímidos, en su cumpleaños- y ahora además apoya la cabeza en mi hombro!
Cruzá
Le dice; la mujer ya está a mitad de cuadra, donde el departamento de luz amarilla parece afiebrado (a estas horas cabe la cena) con quince pisos; y al otro lado otro edificio y recién al otro el baldío.
Y si ahora tuviese que ponerle un nombre, le pondría Shanalia, aunque se me fueran los pulmones intentando explicar por qué; cuando deja caer su otra mano en mi pierna.
Pero la saca y se va hasta las rodillas, como castigo, y musita y gime:
¡Cruzá… La mujer se acerca con esa marcha monótona de quien tiene prisa y exhala frío… y por cómo camina sabemos que no es de acá: los golpes de su taco bajo me llaman; con paciencia de serpiente, como niño devoto, la espero; nuestra sangre hierve entre bolsas de residuo.
Cruzá…
Le ruega…
Las manos de Shanalia son dos piedras nerviosas, y me inyecta un beso en el cuello. Yo me reclino un poco más y el insomnio cede; la chica ya cruzó y yo ya extraño esa solidaridad de Shanalia… me desvanezco y bailo un poco en el viento, como humo de palo borracho...queda Shanalia, una postal de Almagro a las nueve, cuando todos cenan.
Cruzá
Le dice en mi oído, y su aliento huele a comida de hace tres días.
Si hubiera alguna manera de llamar a este momento, le pondría “película”; una sin color: todo está -es una maqueta- al alcance de nuestra mano, aunque la lluvia sea nuestra sábana y nuestro sexo un tributo a la cuadra.
¡Pero si sus dedos siguen ahí! ¡Si siguen en mi pierna –tímidos, en su cumpleaños- y ahora además apoya la cabeza en mi hombro!
Cruzá
Le dice; la mujer ya está a mitad de cuadra, donde el departamento de luz amarilla parece afiebrado (a estas horas cabe la cena) con quince pisos; y al otro lado otro edificio y recién al otro el baldío.
Y si ahora tuviese que ponerle un nombre, le pondría Shanalia, aunque se me fueran los pulmones intentando explicar por qué; cuando deja caer su otra mano en mi pierna.
Pero la saca y se va hasta las rodillas, como castigo, y musita y gime:
¡Cruzá… La mujer se acerca con esa marcha monótona de quien tiene prisa y exhala frío… y por cómo camina sabemos que no es de acá: los golpes de su taco bajo me llaman; con paciencia de serpiente, como niño devoto, la espero; nuestra sangre hierve entre bolsas de residuo.
Cruzá…
Le ruega…
Las manos de Shanalia son dos piedras nerviosas, y me inyecta un beso en el cuello. Yo me reclino un poco más y el insomnio cede; la chica ya cruzó y yo ya extraño esa solidaridad de Shanalia… me desvanezco y bailo un poco en el viento, como humo de palo borracho...queda Shanalia, una postal de Almagro a las nueve, cuando todos cenan.
Bueno... no sé cuánto dure esto... total es gratis. Hay una nueva intención. Voy a subir aquellos textos medio rezagados por X o Y motivo, que quedaron medio olvidados en las carpetas y que no tuvieron revisión. Quizá a alguno le interese. Es como una sala de cuarentena; le voy a poner blog número seis, en honor a Chejov.
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