Hace unos días leí el cuento "El candelabro de plata", de Abelardo Castillo. De los varios párrafos que lo componen, sólo me quedó una oración: "la palabra es una caricatura miserable". ¿Puede la literatura crear verdaderos seres humanos o debe limitarse a la copia? Siguiendo las afirmaciones de quienes dicen que el hombre es lenguaje, ¿el ser humano puede ser reducido a palabras? Me acuerdo de la oración pero con una imagen de fondo. Para no adelantar el final, no voy a decir cuál es.
Cada vez me convenzo más de que la literatura escapa al significado convencional de las palabras y de los tropos literarios. Existe un significado que escapa a las palabras.
Las palabras son los instrumentos de un significado superior, que es el que captamos después de la primera lectura y el que queda flotando en nosotros. A veces se debilita e intentamos reanimarlo con una relectura. No siempre se tiene éxito. Pero demuestra que no se reduce todo al significado de las palabras, y que la lectura es un diálogo, una comunicación entre el lector y el autor. Hay malentendidos o no. Yo conocí a una mujer que me decía que después de leer ciertos libros, los tiraba de la mesa. Eran muy tristes. Yo quisiera, a veces, hacer lo mismo con algunos amigos. O tratar a algunas otras personas como trato a algún libro de literatura fantástica decimonónica.
La palabra es una caricatura miserable, sí. La literatura no es menos miserable que la palabra, pero no, una caricatura. Este cuento deja en evidencia la impotencia de la palabra para llegar a definir ciertos personajes. A diferencia de lo que creen algunos linguistas, no podemos decir todo lo que queremos. Después del punto final de este cuento, se crea un silencio, que, probablemente, ya sentirán. Yo creo que es ese silencio final el que terminó de construir al viejo. Como si en una conversación entre dos personas fueran unos segundos de silencio los más expresivos.
A veces la lejanía y el silencio dicen más cosas de uno. Un amigo me decía que empezó a conocer a la novia los primeros años de salir y que terminó de hacerlo al año de no verla más. Me decía que, por suerte, lo que conoció después no le gustó y que tal vez por eso la pudo olvidar. La literatura, de forma similar, te entrega personajes que conocés en la primer lectura y que luego, cuando calla la voz del narrador, seguís conociendo por un tiempo más.
Dejo un link donde pueden encontrar el cuento: http://www.literatura.org/Castillo/acTexto1.html
sábado, 15 de mayo de 2010
viernes, 30 de abril de 2010
Prefiero la linterna
que se enciende turbia;
el polvo revuela
y te enredás en el aire.
¿Cuánto, mujer,
que te perdí y me perdiste
en un baile de siluetas
de sombras pasajeras?
Por respeto al recuerdo
que el intelecto no ahonde
en callejones sin salida;
el tiempo se nos aisla,
te veo lejos
como si nunca llegaste.
que se enciende turbia;
el polvo revuela
y te enredás en el aire.
¿Cuánto, mujer,
que te perdí y me perdiste
en un baile de siluetas
de sombras pasajeras?
Por respeto al recuerdo
que el intelecto no ahonde
en callejones sin salida;
el tiempo se nos aisla,
te veo lejos
como si nunca llegaste.
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