viernes, 15 de abril de 2011

*2*



Supe que jugabas con peligrosos
compañeros cuando mirabas extraviada
los rincones de una sala y los
ángulos de una mesa,

que jugabas en los bordes,
que inclinabas tu cuerpo y mirabas
por dónde pasaban tus dedos y
las paredes pintadas de blanco.

Hoy, que estamos despiertos,
puedo mentir y confesar
que entendía lo que había en tus ojos

cuando respirabas en mi nuca:
pensabas en morir con alambres,
para que nos vean morir.

domingo, 3 de abril de 2011

PARA QUE NOS VEAN MORIR

***1***

Quiero contarte qué soñé anoche:
soñé con brujas y con roperos,
con luces que caían del cielo,
con puentes y trenes.

Soñé que nos moríamos:
nos atábamos las venas
a un alambre y tirábamos

y era una muerte honesta,
sincera, violenta: en el
sueño no existe la traición.

sábado, 15 de mayo de 2010

Hace unos días leí el cuento "El candelabro de plata", de Abelardo Castillo. De los varios párrafos que lo componen, sólo me quedó una oración: "la palabra es una caricatura miserable". ¿Puede la literatura crear verdaderos seres humanos o debe limitarse a la copia? Siguiendo las afirmaciones de quienes dicen que el hombre es lenguaje, ¿el ser humano puede ser reducido a palabras? Me acuerdo de la oración pero con una imagen de fondo. Para no adelantar el final, no voy a decir cuál es.

Cada vez me convenzo más de que la literatura escapa al significado convencional de las palabras y de los tropos literarios. Existe un significado que escapa a las palabras.
Las palabras son los instrumentos de un significado superior, que es el que captamos después de la primera lectura y el que queda flotando en nosotros. A veces se debilita e intentamos reanimarlo con una relectura. No siempre se tiene éxito. Pero demuestra que no se reduce todo al significado de las palabras, y que la lectura es un diálogo, una comunicación entre el lector y el autor. Hay malentendidos o no. Yo conocí a una mujer que me decía que después de leer ciertos libros, los tiraba de la mesa. Eran muy tristes. Yo quisiera, a veces, hacer lo mismo con algunos amigos. O tratar a algunas otras personas como trato a algún libro de literatura fantástica decimonónica.
La palabra es una caricatura miserable, sí. La literatura no es menos miserable que la palabra, pero no, una caricatura. Este cuento deja en evidencia la impotencia de la palabra para llegar a definir ciertos personajes. A diferencia de lo que creen algunos linguistas, no podemos decir todo lo que queremos. Después del punto final de este cuento, se crea un silencio, que, probablemente, ya sentirán. Yo creo que es ese silencio final el que terminó de construir al viejo. Como si en una conversación entre dos personas fueran unos segundos de silencio los más expresivos.

A veces la lejanía y el silencio dicen más cosas de uno. Un amigo me decía que empezó a conocer a la novia los primeros años de salir y que terminó de hacerlo al año de no verla más. Me decía que, por suerte, lo que conoció después no le gustó y que tal vez por eso la pudo olvidar. La literatura, de forma similar, te entrega personajes que conocés en la primer lectura y que luego, cuando calla la voz del narrador, seguís conociendo por un tiempo más.


Dejo un link donde pueden encontrar el cuento: http://www.literatura.org/Castillo/acTexto1.html

viernes, 30 de abril de 2010

Prefiero la linterna
que se enciende turbia;
el polvo revuela
y te enredás en el aire.

¿Cuánto, mujer,
que te perdí y me perdiste
en un baile de siluetas
de sombras pasajeras?

Por respeto al recuerdo
que el intelecto no ahonde
en callejones sin salida;

el tiempo se nos aisla,
te veo lejos
como si nunca llegaste.

viernes, 27 de noviembre de 2009

"La MUCHACHA está sentada en un banco, bajo un manzano, junto a la puerta principal de un edificio parecido a un castillo y situado en un valle de alta montaña, que un distinguido caballero ha descubierto en las excursiones que realiza de iglesia en iglesia y de una construcción curiosa a otra. El caballero se detiene junto a la valla del jardín y se siente fascinado por la belleza de la muchacha, que lleva largas trenzas. Finge escribir algo en su cuaderno, pero en realidad observa sin cesar a la muchacha. Es observado a su vez por las monjas del convento que trabajan en la huerta, pero no se apercibe de ello. No quiere pertubar la tensión que existe entre la muchacha y él, y por eso no se adelanta para hablarle. Sin embargo, piensa, en un momento dado se presentará a sí mismo y entablará conversación con ella. Le contará de sus viajes y, de esa forma, establecerá rápidamente contacto. Le hablará del mundo en que él vive. Sin embargo, en el momento en que se decide a avanzar hacia la muchacha, ésta levanta en el aire una pierna cubierta por una larga media y se estira con ambas manos las trenzas. Como no sabe hablar, emite sonidos incomprensibles. Se tira de las trenzas hasta que la sangre le nubla los ojos. Sólo entonces se da cuenta el caballero de que se encuentra en los terreenos de un manicomio, y se aleja al instante, sin cuidarse de las monjas del convento, que agarran a la muchacha y la hacen entrar en la casa."

Thomas Bernhard

lunes, 10 de agosto de 2009

"¿Qué cosa es miedo? ¿Proviene de la razón, o del sentimiento? Sobre esta cuestión disputé con frecuencia con el doctor Saúl Ascher, cuando por casualidad nos encontrábamos en el café Royal, en Berlín, donde durante largo tiempo almorzaba a diario. El afirmaba siempre que sentimos miedo de algo porque un razonamiento nos da a conocer que ese algo es temible; sólo la razón es una fuerza, no el sentimiento. Mientras yo comía y bebía, me demostraba él las excelencias de la razón. Hacia el final de su demostración, solía mirar el reloj, y siempre acababa la conversación con estas palabras: "La razón es el principio supremo." ¡Razón! Cuando oigo esta palabra veo siempre al doctor Saúl Ascher con sus piernas abstractas, con su casaca estrecha, de un color gris trascendental, y con su cara arisca y helada que podía servir de figura en un libro de Geometría. Este hombre, ya entrado en los cincuenta, era la personificación de la línea recta. En su tendencia a lo positivo, había exhaustado el filosofar de este pobre hombre todo lo que la vida tiene de bello: los rayos de Sol, la fe y todas las flores, y no le quedaba más que la tumba fría y positiva. Tenía una manía especial contra el Apolo del Belvedere y contra el cristianismo. Escribió contra este último una disertación en que demostraba su inconsistencia y su irracionalidad. Escribió, además, una gran cantidad de libros, en los cuales la razón se jacta constantemente de su propia excelsitud; esto lo pensaría muy en serio el pobre doctor, por lo cual ciertamente merece respeto; pero la gracia estaba en la cara grave y extravagante que ponía cuando no era capaz de comprender lo que cualquier niño comprendiera, por ser precisamente niño. De vez en cuadno visitaba yo al doctor de la razón en su casa particular, en la cual encontraba muchachas hermosas, pues la razón no se niega de la sensibilidad."

Heinrich Heine.

miércoles, 29 de julio de 2009

De: Franco Leonardo de Torres – Lanús

PUBERTAD


En la manzana de mi casa siempre roncan. Ya no es problema; el problema no es ese.

Todos en casa respetamos a padre.

Cuando ronca, a la noche, creo que nos va matar.

Los suyos, de igual volumen que los del séptimo, parece mellizo de los del C, son de hombre trabajador.

Hay momentos en que el ronquido llega al tope; el problema no es cuando ronca, sino cuando calla y todos nos quedamos así.

¡Imagináte que la pared te dé un manotazo o que la almohada te acaricie la cabeza!

En los ronquidos hay amenaza… esos pies que suben una escalera de piedra, pueden pudrirse en cualquier momento.

Un quiebre, una grieta, un grito.

Y esuchá: los pasos en el noveno, en el C.

Los chicos en el colegio se miran en los recreos y cambiamos figuritas. Estamos todos. Si alguno falta, alguno es mandado a dirección.

Siguen sonando, escuchemos los ronquidos...

que cuanto más fuertes, mayor la seguridad de que estamos despiertos y de que mañana vamos a dormir, no sin burla, durante la clase.

¡Y después que nos vienen a retar, con sus castigos de no mirar televisión!

¡Castigos de no salir a jugar a la pelota!

¡Cómo si eso nos hiciera algo! ¡Pobres padres!

Se desesperan cuando ven que no nos molesta no mirar televisión ni jugar a la pelota…

Y más de un día sin comer no nos dejan.

(A lo sumo será un día y medio).

Dan risa…