Perdí el rastro
tras la palabra tachada,
nunca vuelve a empezar nada,
sólo hay poemas acabados.
Lagartijas, animales,
fiesta de disfraces en
un verso adinerado
"y la morocha no quiere bailar".
Sorprende su paso rápido,
tus giros bruscos
en esquinas de paredes pintadas.
Perdí, por último, tu espalda,
acostumbrado a su frente,
que ya no sé si era ella la que se iba.
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